Molinos de viento.

A pesar del sol, de que el día va alargando y de que se acerca el verano yo sigo luchando contra los paisajes fríos y azules del invierno, las nubes grises, y las noches de temblar bajo las mantas.

Vamos ahogando nuestras penas a ratos, con pequeñas dosis de ficción que apenas nos sirven para nada, para dejarnos en el prólogo de una historia que se puede desvanecer en cualquier momento.

Ya he dejado de esperar besos y abrazos, y he vuelto a esconderme en la tormenta y me fallan de nuevo las fuerzas. Flaqueo como antes y vuelven a darse mis rodillas contra las piedras de la senda.

Estamos viviendo en la frontera y te has encargado siempre de marcar el límite, aunque te tiemble el corazón y no quieras admitirlo. Supongo que sí, que el error fue mío, por creer a sabiendas que no debo hacerlo, por dejarme llevar sin mirar en qué dirección soplaba el viento. El error fue mío, porque temblé por tu culpa desde el primer momento.

Y, al final, me doy cuenta de que sólo soy otro Quijote lleno de delirios, que ve gigantes donde sólo hay molinos de viento, que cree que un elefante podría caminar sobre un alambre y que piensa que el hombre no llego jamás a la luna.

Se me da bien inventar historias, permíteme empezar la nuestra, déjame salir de esta jaula que me asfixia sin piedad.

Puta realidad.

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