Rabia.

Rabia, sí, y mucha espuma por la boca. Rabia por todo eso que quieres y nunca pasa. Rabia por todo eso que quieres controlar y no puedes. Rabia por ser y no estar, y parecer a medias.  Rabia porque ya no hay miradas en la madrugada, ni gemidos, ni sábanas por el suelo.

Supongo que esto tan sólo es otro duelo con el tiempo, los relojes y el puto calendario. Otro duelo más, de esos a los que ya me he acostumbrado. De los que siempre acabo perdiendo porque son contra mí mismo. “Resiste, aguanta”, la de veces que he de decírmelo y recordármelo en voz alta. Toda la vida esperando a que pase algo y a que no pase nada al mismo tiempo. Contradicciones, un sí dentro de un no, un gris dentro de un blanco limpio, un norte a medio camino del sur.

Rabia al final todo se reduce a la rabia y al odio a uno mismo, a morderse los miedos y degollar las propias penas.

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